miércoles, 21 de mayo de 2025

OLYMPIA MORATA: *TURNBULL* 47-52

 miércoles, 16 de abril de 2025

OLYMPIA MORATA: *TURNBULL* 47-52

 OLYMPIA MORATA:

 SU VIDA Y ÉPOCA,

POR ROBERT TURNBULL.

Combinaba la gracia y belleza femeninas de una mujer con el intelecto y la erudición de una filósofa

. Perseguida por hereje en Italia, su tierra natal, se vio obligada a huir junto con su esposo, un alemán, y finalmente se estableció en Heidelberg.

 Sus extraordinarios conocimientos, su belleza, sus infortunios y su temprana muerte, proyectaron un singular interés sobre su tumba.

1846

47-52

Un testimonio contundente de su mérito lo da Teodoro Beza, quien, en una paráfrasis del Salterio, dice:

«Hace exactamente treinta y dos años que escuché por primera vez este salmo nonagésimo primero, cantado en una familia cristiana; y puedo decir con verdad que lo escuché con tanto deleite, en tan buena ocasión, que desde entonces lo he llevado grabado en mi corazón»

 En la corte de Ferrara había muchas personas distinguidas por su habilidad musical. De hecho, este encantador arte era muy cultivado allí en la época de la que hablamos. e, at the time of which we are speaking. The daughters of Renee, Anne and Lucretia, as well as Olympia Morata, and Anne of Partheanai, were all skillful musicians

 Las hijas de René, Ana y Lucrecia, así como Olimpia Morata y Ana de Partheanai, eran músicas hábiles; y no es difícil concebir que hicieran resonar el aposento de la piadosa duquesa con los cánticos de Sión.

 ¡Ah, qué benditas fueron aquellas horas de inocencia y alegría! Cuando Juan Calvino se vio obligado a huir de París, se refugió en la corte de Ferrara, recomendado a la protección de la duquesa por su amiga, la reina de Navarra.

 Permaneció en la corte durante algo más de un año, bajo el nombre falso de George Heppeville, manteniendo muchas conversaciones sinceras sobre las doctrinas reformadas con Renee, cuya fe y la de su familia fortaleció considerablemente con sus instrucciones. Otro medio de gracia, quizás más eficaz, del que disfrutaba nuestra joven protestante era la lectura de las Sagradas Escrituras, a las que tenía acceso tanto en latín como en griego. La primera edición de la Septuaginta fue publicada por la famosa imprenta aldina en 1518. El texto griego del Nuevo Testamento fue publicado en Basilea en 1516 por el erudito Erasmo, cuya reputación le dio amplia difusión en Italia.

 En 1527, Paganini de Lucca, quien gozaba de gran reputación como erudito hebreo, publicó toda la Biblia en latín, una obra que despertó mayor atención, dado que se sabía que había dedicado no menos de veinticinco años a su preparación.

 Fue de estas fuentes sagradas que tantos eruditos italianos, y nuestra Olimpia entre ellos, extrajeron simultáneamente esas preciosas verdades e inspiradoras influencias que emanciparon sus mentes de la esclavitud de Roma y los llenaron de paz en la fe.**

El tema de nuestras memorias dio indicios tempranos de talento poético. De hecho, como Pope, alguien casi "ceceaba en números".

No es de extrañar que esto ocurra en una joven y entusiasta italiana de genio, en esa tierra de belleza y longevidad, en una atmósfera impregnada de la poesía de Ariosto, cuyas espléndidas opacidades minerales formaron, con toda probabilidad, el primer espectáculo que contemplaron sus jóvenes ojos, mientras que el médico de la corte, Angelo Manzolli, su padrino, Giuseppe Cagnini, su propio padre, los dos Sinapii y Polaeario, se distinguieron en mayor o menor medida por sus admirables versos latinos

. Pero se distinguió especialmente por su dominio del griego, llegando a escribir hermosos poemas en esa lengua clásica. Y, lo que es aún más extraño, en una etapa posterior de su vida fue capacitada para impartir instrucción pública en lengua y literatura griegas.

Su biógrafo, Noltenius, ofrece el siguiente relato interesante, aunque algo pedante, sobre sus logros:

 «Bajo la tutela de tales hombres», dice él, «nuestra Olimpia se benefició tanto que despertó la admiración de todos por un saber tan infinitamente superior a su tierna edad.

 Antes de cumplir los dieciséis años, compuso una defensa de Cicerón contra algunos de sus calumniadores; en la cual (según la opinión de Calcagnini, quien inicialmente le aconsejó estudiar asiduamente las obras de Cicerón, de las que, de humilde admiradora, se convirtió en una comentarista de gran éxito), emuló maravillosamente la belleza y la elegancia del original.

 Al mismo tiempo, escribió las cartas griegas y latinas más pulidas (de las que, por desgracia, se han perdido muchas), y tradujo mucho del italiano al latín, que la malignidad del tiempo y del destino ha destruido.

** Las escrituras también fueron traducidas al italiano (lea sobre el tiempo mencionado en el texto). Pero, por desgracia, la lectura de las versiones vernáculas fue suprimida durante la supresión a la  Reforma.***

Se dice que Olimpia apenas estuvo ocupada dos años en estas disputas, pues, no contenta con los elogios que le brindaban estas agradables ocupaciones, aspiraba a alcanzar la cima de la gloria y el honor, y comenzó a estudiar las ramas superiores de la filosofía y la teología, en las que, como en otros estudios literarios, pronto sobresalió notablemente, penetrando en las cuestiones más difíciles con gran agudeza mental y convirtiéndolas en beneficio público y privado.

 Que una joven pudiera lograr esto es asombroso y casi milagroso, sobre todo porque su preceptor, Chilian, la califica de autodidacta en muchas de estas ramas de la ciencia. Nunca descuidó sus estudios y diligencia, sino que fue incluso más allá de lo imaginable.

 Habiendo acumulado un rico tesoro de ciencias, nunca dudó en aprovecharlo y compartirlo con otros. "El año en que comenzó a vestir el hábito profesional, nos enteramos por la epístola de Curio a Xycstus Butuleius= Sixto Butuleyo, fue antes de la muerte de su padre, cuando acababa de cumplir dieciséis años. Esto se afirma con mayor claridad en el prefacio de la primera edición de las obras de Olimpia, que Curia dedicó a esa ilustre dama, Isabella Manricha, de Bresagna, donde relata circunstancialmente los detalles de su ingreso en la academia de Ferrara; y como este relato de Curio es de mucha importancia en su historia, adjunto sus precisas palabras.

* (Olimpia) Escribió observaciones sobre Homero, el príncipe de los poetas, a quien tradujo con gran fuerza y ​​dulzura. Compuso muchosy varios  poemas  con gran elegancia, especialmente sobre temas divinos, y diálogos en griego y latín, a imitación de Platón y Cicerón, con tal perfección, que incluso el propio Zoilo no habría encontrado nada que criticar. * Y escribió esos tres ensayos sobre las paradojas de Marcus Tullius Cicero Marco Tulio Cicerón, a quien en griego se le llamaba prefacios, cuando apenas tenía diecisiete años, declamó de memoria y con excelente pronunciación su explicación de las paradojas en la prestigiosa academia de la duquesa de Ferara.

 Por lo tanto, Colomesio se equivoca al afirmar en su Bibkotheca Delecta, que Olimpia tenía veintinueve años cuando enseñó públicamente en griego en la Universidad de Heidelberg. En primer lugar, es evidente, por las palabras de Curio, recién citadas, que ella, de niña y mientras aún se encontraba en Italia, impartió clases ante Renee; y también es cierto que apenas había cumplido veintinueve años cuando las hermanas fatales ///= se refiere a las parcas mitológicas  del destino griego /// cortaron el hilo de su vida.

Teissius, Thamasinus y otros caen en un error similar cuando afirman con Colomesio que Olimpia enseñaba públicamente en Alemania.

FIN DE PRINCIPE IRLANDES *KISSICK* 1896

 viernes, 18 de abril de 2025

FIN DE PRINCIPE IRLANDES *KISSICK* 1896

 EL PRINCIPE IRLANDES

Y EL PROFETA HEBREO

LIA FAIL

By ROBERT G. KISSICK,

1896

Supe entonces que Judá gobernaba a Israel, y que cuando Siloh fuera llevado como cordero al matadero, el reino se establecería, y de nuevo, cuando viniera por segunda vez en toda su gloria al Monte de los Olivos, cuando el ángel jurara por Aquel que vive para siempre que el tiempo no sería más, el trono aún tendría un heredero para recibir la venida de nuestro Señor. Si contemplamos una hermosa puesta de sol, cuando el día se desvanece rápidamente en el crepúsculo, y observamos sus colores cambiando rápidamente, o si contemplamos el arcoíris en toda su gloria prismática, mientras lo contemplamos morir; y así la hermosa escena desapareció de mi vista, y en su lugar apareció el profeta Jeremías, sosteniendo en su mano derecha un edicto, y en la izquierda un libro con las profecías de Isaías. Sobre su cabeza había una estrella resplandeciente que tenía escrito con letras de sangre: Libertad a los cautivos. Bajo sus pies estaba escrito: "He aquí, te he llamado por tu nombre". Sin aliento, me quedé de pie mientras él levantaba el pergamino y leía: "Así dice el Señor: Ha llegado la hora en que se cumplirán todas las leyes y los profetas concernientes a Judá, según lo dicho por Isaías. Hoy proclamarás la libertad a mi pueblo. Si no escuchas mi voz, te compararé con Sansón, por cuya muerte se lograron mayores hazañas que por su vida. Obedece, y vivirás. Desobedece, y esta noche se te pedirá tu alma". 198 EL PRÍNCIPE IRLANDÉS.

 Al desvanecerse la visión de mi vista, desperté y, tomando una trompeta de plata, sonó un sonido que llamó en mi ayuda a toda la casa. Despidiéndolos a todos menos a Daniel, le relaté mi visión. Daniel respondió: "Den la alarma; reúnan a la milicia y que suban, construyan la ciudad y pongan los cimientos del templo". Entonces cayó rostro en tierra y lloró. Las profecías se cumplieron. Durante setenta años había esperado esta hora. Un joven de doce años entonces, un anciano de ochenta y dos ahora, pero nunca había vacilado en su fe, ni un solo murmullo había escapado de sus labios. "Estoy aquí esta noche para escuchar tus súplicas por última vez". "Soberano señor".

 Fue Zorobabel quien habló. Estoy aquí para implorar justicia y benevolencia para mis hermanos, pues soy de la verdadera estirpe de David. Nací en Babilonia como esclavo cautivo, y pasé mi juventud en los hornos de ladrillos y bajo el látigo. Le rogué a Dios, al acercarme a los setenta años, que cumpliera sus promesas a través de Isaías y Jeremías. Soy el primero entre mis iguales, por rango albañil, y por desgracia, cautivo, y vine a implorar que, bajo la dirección del Supremo Arquitecto del universo, el rey restaure nuestra libertad y nos permita regresar y reconstruir el templo de nuestro Dios. Zorobabel, al igual que tú, he lamentado el cautiverio de tu pueblo y te concedo tu petición; ahora, ante el gran YO SOY, pon en libertad a tu pueblo

Regresa a-- LIBERTAD AL CAUTIVO. 199- tu país, reconstruye el templo destruido por mis antepasados y sus tesoros serán restaurados. Te armo con esta espada como señal de superioridad sobre tus iguales, sabiendo que solo la desenvainarás en defensa de tu Dios, tus hermanos y tu familia." "Ahora te creo un 'Caballero de la Espada'. Que tú, 'Señor Caballero del Este', la lleves con honor para ti mismo, tu país y tu Dios." Así dice Ciro, rey de Persia: "El Señor Dios del Cielo me ha dado todos los reinos de la tierra, y me ha encomendado construirle una casa en Jerusalén, que está en Judá. ¿Quién hay entre ustedes de su pueblo? Que el Señor su Dios esté con él y le permita ascender. Entonces se levantaron Josué, Nehemías, Zorobabel, Zacarías, Hageo y Esdras, proclamando: «¡Subiremos!». He aquí la plomada en manos de Zorobabel, hijo de Salatiel, de la descendencia real del trono de David; la escuadra en manos de Nehemías, el gobernador; el compás en manos de Josué, el sumo sacerdote.

 Mientras que a Zorobabel, hijo de Salatiel, cuya genealogía se había trazado cuidadosamente paso a paso hasta el trono de David, se le encomendaron los registros que se convertirían en la Santa Biblia, para ser leída por todas las naciones de la tierra, hasta que las mansiones de la ciudad de la Nueva Jerusalén se abrieran de par en par a todos los que leyeran y creyeran. Así, la verdadera línea se extendió y se estableció por la palabra de Dios, pues de los lomos de David provino Sedequías, y de Sedequías, Tea Tefi, quien fundó el reino de Israel; y de los lomos de David provino Zorobabel, y de Zorobabel el Señor, nuestra Justicia, que es Jesús, llamado el Cristo .FIN  DEL LIBRO

LOS ARGONAUTAS DE LA FE *MATHEWS* 1-17

sábado, 19 de abril de 2025

LOS ARGONAUTAS DE LA FE *MATHEWS* 1-17

 THE ARGONAUTS OF FAITH

THE ADVENTURES OF THE

"MAYFLOWER" PILGRIMS

BASIL MATHEWS

"El barco estaba zarpando de nuevo, cuando de repente el capitán... le ordenó detenerse" [Frontispicio

WITH A FOREWORD BY

VISCOUNT BRYCE, O.M.

ILLUSTRATED BY

ERNEST PRATER

A MI MADRE

 EN QUIEN REVIVE EL AMOR DE LOS PEREGRINOS

 A DIOS Y A LA LIBERTAD

Una vez, cuando nuestras costas solo abarcaban desierto.

 Salvaje y grande con presas y con presas,

Un grupo que te amaba buscó en su angustia este lejano lugar.

 Y lo hiciste, Señor, tu templo; y tu lluvia y tu sol bendijeron y fructificaron su tierra.

 Señor, con nosotros aún como en tu antiguo templo sé nuestro Dios.

 Chester Allen Holt

SU PEREGRINACIÓN

Dame mi concha de vieira de tranquilidad.

 Mi bastón de fe para caminar.

 Mi alforja de alegría, dieta inmortal.

Mi belleza de salvación,

 Mi túnica de gloria

, la verdadera garantía de la esperanza;

y así emprenderé mi peregrinación.

Sir Walter Raleigh

1-17

PRÓLOGO

 Por el Vizconde Bbyce, O.M.

Hace tres siglos, en 1620, un pequeño grupo de unos cien  ingleses —hombres, mujeres y niños—, zarpó de Plymouth en un barco llamado Mayflower para asentarse en la desolada y entonces casi desconocida costa de Norteamérica.

 Allí desembarcaron en un lugar donde se dice que una enorme piedra, una de esas rocas arrastradas por el hielo que salpican las aguas bajas de la bahía de Massachusetts, marca el lugar donde desembarcaron, ahora convertida en un lugar de peregrinación al que acuden muchos de todo Estados Unidos, visitándolo con reverencia

 Allí, esta compañía, azotada por la tormenta y fatigada por el mar, construyó sus chozas y un fortín de madera para defenderse de los indígenas, y se preparó para cultivar la tierra.

No mucho antes de que se estableciera un asentamiento inglés en Virginia, otros colonos ingleses llegaron unos años después a otra parte de la costa de Nueva Inglaterra, donde ahora se encuentra la ciudad de Salem. Pero este asentamiento de Plymouth (así le llamaron) fue el más notable de los tres, precisamente por ser el más pequeño y débil, el que se llevó a cabo con el menor apoyo oficial y el que menos se prestó a la atención del mundo de su época.

 Los peregrinos eran hombres humildes, ninguno de ellos personas de importancia o influencia.

Pero la importancia histórica y la dignidad moral de un acontecimiento no deben medirse por el poder, el honor, el rango o la riqueza de quienes participan en él.

Este fue uno de los grandes acontecimientos en los anales de la raza inglesa. Fue la segunda migración de esa raza.

 La primera se realizó en barcos de guerra procedentes de la desembocadura del Elba, tripulados por feroces guerreros paganos, que llegaron como saqueadores y conquistadores, y tardaron casi tres siglos de lucha en completar su conquista del sur de Gran Bretaña (excepto Gales).

 Esta segunda migración desde la antigua Inglaterra de anglos y sajones, a través de un mar mucho más vasto, hasta la Nueva Inglaterra en América, marcó el comienzo de una nación que crecería y se multiplicaría hasta extenderse por un vasto continente.

 Fue una migración pacífica.

Pero los peregrinos de Plymouth poseían las cualidades propias de la raza inglesa: coraje, constancia y lealtad a sus convicciones. Impusieron estas cualidades a la joven colonia. Dieron esa cualidad distintiva a los hombres de aquellas colonias del noreste de Estados Unidos que ha marcado y determinado el carácter de todo el pueblo estadounidense.

Que por su fe en la ayuda y la bendición de Dios, y por la valentía con la que soportaron las dificultades y enfrentaron los peligros, que los hombres que navegaron en el Mayflower alcanzaron fama eterna.

 El recuerdo de lo que fueron y de lo que hicieron es hoy uno de los vínculos más fuertes que unen a Estados Unidos e Inglaterra. Dieron un noble ejemplo para que la juventud de Inglaterra, así como la de Estados Unidos, lo recuerden e imiten. Es un ejemplo en el que la generación actual, llamada ahora, al llegar a la edad adulta, a compensar las pérdidas de la guerra, puede encontrar estímulo y aliento. Ha llegado un tiempo, como llegó hace tres siglos, en el que la fe, el coraje y la constancia, y la esperanza que la confianza en Dios y el coraje otorgan, deben tener su obra perfecta.

Una vez, cuando nuestras costas solo abarcaban desierto. Salvaje y grande con presas y con presas, Un grupo que te amaba buscó en su angustia este lejano lugar. Y lo hiciste, Señor, tu templo; y tu lluvia y tu sol bendijeron y fructificaron su tierra. Señor, con nosotros aún como en tu antiguo templo sé nuestro Dios. Chester Allen Holt.

LOS ARGONAUTAS DE LA FE

 PRÓLOGO

 Antes del amanecer de la historia, en los tiempos remotos, cuando las aventuras de héroes y heroínas se transmitían de padres a hijos en lugar de escribirse como las conocemos hoy, los niños y niñas escuchaban muchos relatos maravillosos de aventuras. Algunos eran ciertos; otros, no.

Una de estas historias que se ha conservado es la de Jasón y sus compañeros, quienes partieron en busca del vellón Dorado. Según la historia, los grandes pinos de los bosques que coronaban la cima del monte Pelión fueron talados por Jasón y sus compañeros. Luego, bajo la dirección de Argos, el más hábil constructor de barcos, estos pinos se transformaron en una embarcación con cincuenta remos que surcaría las aguas del mar Euxino. El mar Euxino, como recordarán, ahora se conoce como el mar Negro. En honor a Argos, quien diseñó el barco, la tripulación se llamaba Argomarineros, o como decimos nosotros, los Argonautas. Esta antigua leyenda griega ha servido como sugerencia para el título de este pequeño libro.

Pero en lugar del vellocino de oro, la fama y la fortuna, nuestros aventureros buscaron un hogar para sus hijos cerca del corazón de la naturaleza, donde la dulce música de su voz pudiera oírse en el murmullo de los árboles y el susurro de los pinos; donde, con un mundo de conflicto excluido y un mundo de amor encerrado, pudieran ser entrenados para vivir vidas rectas, honestas y serviciales.

En la historia del Vellocino de Oro, el sabio Quirón le dijo a Jasón: «Prométeme dos cosas antes de irte». «Te lo prometo», dijo Jasón. «No hables con dureza a nadie que encuentres y sé firme en la palabra que digas». Este consejo es tan oportuno hoy como en la noche de los años pasados.

Es tan necesario para nosotros como para los Argonautas de la fe, cuya historia se narra en las páginas siguientes.

 Este relato de los Argonautas de la antigua Grecia habla de héroes de antaño, en los oscuros albores de la historia.

 Pero a lo largo de la historia de la humanidad encontramos a valientes Argonautas lanzándose a mares extraños: algunos son vikingos en busca de batalla y botín; otros, como el Príncipe Enrique el Navegante, Colón, Caboto  y el Capitán Cook, buscan nuevas tierras en océanos inexplorados; otros, como Damien, John Williams y Livingstone, Navegan lejos y penetran en lugares inexplorados, no para llevarse tesoros, sino para llevar el Tesoro de la Vida a otros hombres; van, digo, por diferentes razones, pero todos están dispuestos a arriesgarlo todo y a aceptar cualquier aventura que les sobrevenga.

 

EL EXPLORADOR, LA CUCAYA, Y EL TESORO

 Sábado, 19 de abril de 2025

EL TESORO QUE ENCONTRÉ EN LA SELVA DE GUATEMALA *CUENTO*

  EL EXPLORADOR, LA CUCAYA, Y EL TESORO

El autor dedica esta historia al PADRE ETERNO, A MI SAVADOR JESUCRISTO Y  E.S.

Por el autor del blog -

Ciudad de Huehuetenango,  Sábado 1 de Marzo del año del Señor de 2025  

Una de la madrugada a seis de la mañana

Doce del mediodía a  cinco treinta de la tarde.

EL EXPLORADOR, LA CUCAYA, Y EL TESORO

Atención, atención, motores del avión fallando,…Emergencia….”

La voz del piloto de la pequeña avioneta, me trajo de vuelta a la realidad.

“Alerta, alerta…” nos encontramos en la selva de Guatemala, muy cerca de la frontera mexicana.

“Preparad vuestras mochilas, porque dentro de cinco minutos a ´más tardar, tendréis que estar ya en descenso, yo veré como controlo un poco más este pájaro.”

Tomé mi mochila que estaba  a la mano, aprovisionada con un par de Cantimploras de agua limpia, una biblia de edición pequeña que nunca me abandonaba, cámara fotográfica,  linterna, cuaderno y bolígrafo, unos panes o sandwichs preparados donde habíamos tomado la avioneta. Los fósforos,  pastillas de cloro, sulfa y de quinina estaban dentro de la mochila en estuche especial.   Un potente rifle de caza que tenía muy cerca, un cuchillo pequeño y  suficientes municiones en su caja de seguridad, el revólver lo llevaba al cinto del lado derecho, y en el otro un pequeño machete, y el paracaídas ni que decir  que estaba siempre listo en nuestras espaldas.

Rápidamente me dirigí a la puerta de la nave, y sin pensarlo me lance al vacio. Mis otros tres compañeros ya se habían lanzado.

Creo que serían como las doce del día, no quise ver el reloj.

Allá abajo, veía no un mar azul, sino un inmenso océano verde.

Yo era corresponsal de un periódico en Nueva York, y había viajado a Centroamérica, en un viaje  de emoción y aventuras. Mi destino era la selva norte de Guatemala.

Mis planes y objetivos eran muy generales. Conocer un poco de la flora y fauna del lugar. Indagar acerca de nuevas excavaciones  arqueológicas, Sobre los habitantes, y quien sabe, tal vez encontrase  al pueblo de los lacandones viviendo como en la edad de piedra.

Al irme acercando a tierra, me preguntaba, que encontraría allá abajo. ¿Un tesoro antiguo de los mayas, …códices con información misteriosa?pero jamás  imagine el tesoro que sacaría de esas tórridas tierras.

El golpe de la caída fue amortiguado mucho por unas hojas grandes y muy verdes.

No sabía dónde estaba, apenas pasaba la  ahora del mediodía, pero el sol, allá en lo alto apenas se filtraba por entre las grandes ramas de los arboles gigantescos.

Gracias a Dios, había caído bien, en ese instante, según recordaba las sabias palabras de mi madre cuando yo era un niño. Y ahora las ponía en práctica. “hijo, recuerda, yo no estaré contigo siempre, pero hay alguien que nunca te abandonará, no importa donde estés, encomienda a Cristo tu camino, y el te guiará…”

En medio de esa inmensa catedral verde de selva, dije en voz alta:” Lámpara es a mis pies tu Palabra y linterna en mi caminoSeñor líbrame de una mordedura de serpiente venenosa y haz que encuentre mi camino, “envía tu luz y tu verdad, ellas me guiaran hasta tu monte santo”.” Preparas camino y mesa delante de mí…el bien y la misericordia seguirán todos los días de mi vida y en la casa del Señor moraré por largos días. Sobre el león y el coral pisaré y tu ángel me cuidara…”

No vi  por ningún lado, la presencia de mis otros tres compañeros, ni tenía idea que había sido del piloto.

Saque el machete que media 12 cm De mango y 4 cm de ancho por 35 cm De largo en su hoja desnuda y 6 centímetros en  su parte más ancha  que terminaba en una curva. Era una herramienta muy templada y flexible, diseñada para cortar  pequeñas ramas, hojas y arbustos de espino y otras similares. Suficiente para abrirme paso entre la densa maleza. El resto lo haría yo, esquivando o deslizándome entre el terreno.

Llegue a un pequeño claro, donde saque de mi mochila  un trozo de pan y un sándwich para restaurar fuerzas. Bebí dos o tres sorbos de una de  las dos cantimploras que llevaba.  Debo decir que no sentía ningún tipo de angustia o desasosiego. En primer lugar porque había invocado el nombre del Altísimo, recordando:

—“El que habita al abrigo del Altísimo, morará bajo la sombra del omnipotente, diré yo a Jahev, Esperanza mía,  Roca mía y castillo mio, mi Dios en quien confiaré…”

En segundo lugar, no era la primera vez que me encontraba en un lugar así. Había estado en las selvas, junglas y montañas de  Asia y África.  Sudafrica, Rodesia,…Borneo, Tailandia… Colombia, Venezuela…el Amazonas…no eran desconocidas para mí-

Desde niño, en mi patria había leído ávidamente las historias escritas por Salgari y otros autores. Había hecho mi servicio militar, y estaba en buenas condiciones físicas.

Es mas sentía que  todo este asunto era una emocionante aventura. Era como entrar a un ´mundo desconocido y misterioso a la vez.  Tenía la sensación de que podría encontrar un gran tesoro en estas selvas.  Como cristiano fiel, desde mi juventud por consejo de mi madre, que descendía  por una parte de los creyentes amish, yo había evitado el baile, los vicios de fumar y consumir alcohol, igualmente para la autora de mis días, el teatro era solamente para  perder el tiempo en la frivolidad que conducía a la molicie de la aristocracia inglesa. ¿Por que escribo esto? Porque en esos momentos no creía estar, sino estaba en el verdadero teatro de la vida. Los arboles, los animales salvajes que pronto vería acechando mi vida, los monos aulladores en lo alto de la copa de los arboles gigantescos, Ese teatro verdadero donde no había cómodas butacas, ni plateas,

Shakespeare no podía haberlo diseñado mejor. O haber soñado con este magnífico teatro verde.  La barra de luces era la inmensa y radiante luz del sol, la tramoya, los inmensos arboles con sus enredaderas, bejucos y lianas .El foso estaba lleno de grillos, cigarras, “ronrones” y “chicharras” y todo ruido proveniente de la selva. El proscenio, y el ciclorama  pintados con la belleza  indescriptible, difícil de escribir aun para el mas experto escritor. 

 Era una lástima que ningún espectador humano, salvó yo, estuviese deleitando mi mirada en la exuberante selva verde y magnifico cielo color celeste con  inmaculadas nubes.

Por un momento pensé: “”En momentos así, extraño y añoró tener a mi lado a mi chica ideal… ¿Dónde estás Princesa mía…”

Sabiendo que era necesario pasar allí la noche, decidí buscar un refugio. Lo encontré en una cueva abandonada.  

Deje mi mochila y salí nuevamente a la  selva, con mi pistola, el rifle y el machete. Muy cerca conseguí abundante provisión de leña muy seca.

 Llevaba ya el revólver en una mano y en la otra la linterna, por si me encontraba con una desagradable sorpresa.

Entré en la cueva, aunque eran las tres de la tarde, y todavía se veía claro. Alumbré el interior en busca de algún animal o alimaña. No había peligro a la vista. Considerando que algún animal salvaje podía buscar refugio allí a causa de la lluvia que no tardaría o por acercarse dentro de alguna hora la noche, lo mejor sería preparar una fogata

Deje mi mochila y salí nuevamente a la  selva, con mi pistola, el rifle y el machete. Muy cerca conseguí abundante provisión de leña muy seca.

A las cinco de la tarde, encendí el fuego, me serví el último pan y sándwich que me acompañaba.  La tormenta amainó en su furia, y salí a cortar con el machete, unas varas y ramas gruesas, para poner como barrera en la entrada de la cueva, para que al menos sirviera un poco de defensa en la noche, cuando el sueño venciera mis fuerzas en ese primer día en la selva.

 Elevé una oración al cielo, y luego me tendí en un lugar que había barrido con ramas y hojas menudas,  Esparcí unas hojas previamente examinadas para evitar  que llevasen algún insecto, y con la fogata  muy avivada, no tardé en dormir profundamente.

Desperté a las cuatro de la mañana, y ya no quise dormir.  Estuve pensando en muchas cosas, y cuando eran  las seis de la mañana empezó a llover fuertemente. Tenía solamente una cantimplora llena y de la otra solo había sorbido algunos tragos para ir racionando mi provisión del vital líquido. Todo por precaución si no lograba encontrar luego una fuente de agua limpia.

Después de una hora la lluvia se  había vuelto una llovizna, y a las ocho de  la mañana brilla un sol intensamente fuerte. Las hojas anchas de las plantas, brillaban todavía con las gotas de la lluvia, pero no tardaron en secarse totalmente.

Dispuse salir en las cercanías para ver si lograba conseguir algo de comida. Como era un lugar muy selvático y alejado de la civilización, los animales eran confiados, y no tardé en ver un gran pavo salvaje.  Fue  juego de niños el acertarle un disparo en plena pechuga. De unas rocas saltaba una corriente de agua limpia, y allí destace el pavo con  pequeño cuchillo. Envolví la carne en unas hojas anchas previamente también lavadas y regresé a mi improvisado campamento.

Busque una rama mediana, la descortecé en forma de lanza, y luego que había avivado el fuego, ensarte un buen trozo de carne, la puse al fuego, y cuando ya estaba dorada, me  serví un buen almuerzo, aunque ya no tenía pan.  En la misma cantimplora de aluminio, herví después agua y mitigué  la sed.

Debo decir sin pretensiones de ninguna  clase, que estar allí me parecía una aventura muy emocionante, de donde  obtendría suficiente material para escribir luego mis historias.

Terminado de almorzar, Mis pensamientos fueron interrumpidos por una cegadora luz que inundó el lugar, seguido de un fragoroso rugido que espanto a una multitud de blancas garzas posadas en un árbol.

Llovió toda la tarde.  Luego saqué de la mochila mi pequeña Biblia y encontré el pasaje del libro de Isaias que dice:”  estos son los que habitarán en las alturas. Las rocas de los montes serán su fortaleza; se les proveerá alimentos, y tendrán agua en abundancia. Sus ojos verán al rey en todo su esplendor, y verán una tierra que se pierde en la distancia” “Ese vivirá seguro,
tendrá su refugio en una fortaleza de rocas,
siempre tendrá pan y el agua no le faltará
.” Luego recordé No solo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”.

Esa noche al calor de la fogata, sentía una cálida presencia en esa cueva, y tuve un extraño pero hermoso sueño. Veía que caminaba en un sendero del bosque selvático, encontré en una peña donde nacía el agua limpia raudales, un árbol de hojas brillantes y verdes, cuyas ramas mostraban frutos d exquisito color, como manzanas en su punto medio de madurez.  Al pie del árbol crecía una azucena  de inmaculada blancura muy lozana. Comí un delicioso fruto, bebí del agua limpia, y no resistí  el cortar esa bella flor blanca, que  coloqué en el lado izquierdo de mi pecho, es decir justo cerca del corazón, Una exquisita fragancia de la flor subió a mi nariz, y yo dije con gran vehemencia ¡Oh¡ 1Mi flor, mi amada Azucena!

Desperté de tan bello sueño, miré el reloj  y marcaba ya las cinco de la mañana,    Desayuné  con otro trozo de carne, y guardé el resto para el medio día.   Había determinado  salir a las seis de la mañana y buscar  una aldea o pueblo, para ir ganando ya la civilización.

A la hora indicada tomé mi mochila y guarde en ella la carne restante del pavo, mis dos cantimploras están llenas agua hervida y emprendí la caminata.

 A la media hora  me di cuenta que estaba en una gran elevación, probablemente una antigua e inmensa construcción de los antiguos mayas.  Logré trepar a lo más alto, y allí vi claramente una gran corriente  de agua a considerable distancia. Sabiendo que es a orillas o  muy cerca de los ríos selváticos, donde hay más probabilidad de encontrar una aldea o pueblo, algo me decía en mi interior que no tardaría en llegar a encontrar alguna casa o rancho. Determiné la posición del sol para que me guiase al descender del  árbol.

Caminé y caminé con paso seguro hacía el rio vislumbrado, y solamente me detuve el tiempo adecuado  para prepararme un almuerzo con la ultima carne que  me quedaba.  A  los cuarenta minutos estaba ya en plena marcha. Eran las dos de la tarde.  En algunos sitios mi caminata se hacía muy dificultosa por la espesa vegetación, pero con ayuda del machete, lograba salir avante.

Era la estación del año con más luz, pero a las cinco, ya el ambiente iba oscureciendo. A las seis de la tarde, en medio de esa oscuridad, vinieron a mi mente otros dos pasajes de la Biblia: “Lámpara es a mis pies tu palabra,. Y lumbrera a mi camino”, “Envía tu luz y tu verdad; estas me guiarán; Me conducirán a tu santo monte, Y a tus moradas. Entraré al altar de Dios, Al Dios de mi alegría y de mi gozo; “…Salmos.

Vi unas brillantes lucecillas enfrente de mi caminar, eran como cinco. Cuatro se  apartaron hacia la derecha, y solamente una  siguió adelante en  mi camino.  Cuando encendí mi linterna y la enfoque ,vi que era el insecto que en esta parte del mundo es conocido como “cucaya” o “cocuyo

 Había determinado seguir adelante ya que la vegetación se había vuelto más rala, y hacia media hora que la sabana  y la llanura eran el tipo de naturaleza predominante en esa parte.

Esa maravillosa luz verde, a la vez tierna e intensa, puedo decir que estuvo guiándome en mi sendero.  Una  media hora más tarde, dejé atrás la espesa selva  y una amplia llanura o sabana se extendió enfrente de mí.

Pude distinguir un grupo pequeño de casas o chozas y me dirigí hacia ellas, no sin antes encender mi linterna y hacer  varias veces un tipo de señales de luces, por si alguien podía verlas.

Al irme acercando, salieron dos hombres y mandaron callar a dos grandes perros que ladraban amenazadoramente.

Al acercarme exclamé en alta voz.

—Soy gente de paz—

Escuché decir:

   Es uno de ellos—

Me dijeron que sabía de mi situación, y seguidamente me hicieron caminar durante unos 15 minutos hasta que llegamos a un edificio construido de madera, que reconocí al instante como arquitectura europea, y específicamente  inglesa.

Llegamos y ellos llamaron a agrandes voces.

—Señor  Clark, traemos noticias—

Un hombre alto y de edad madura, salió de casa.

—Bienvenidos, pasen—

Fue así como llegué a casa del Pastor James Clark, un doctor misionera, al estilo de David Livinsgtone. Unos minutos más tarde fui presentado de su amable y bella esposa llamada Helen Huntington.

   Pastor  y señora,  Mi nombre es Samuel Richards—

    Después de platicar durante  varios minutos a eso de las nueve de la noche me prepararon algo de comer, continuamos hasta la medianoche charlando.

Ellos tenían una pequeña cabaña cerca de la casa principal y allí estaba preparada una pequeña habitación donde recuperé las fuerzas.

Desperté ya tarde,  Eran las doce del mediodía. El señor Clark fue a llamarme para el almuerzo.  Supe por la señora Clark, tenían un varón y dos mujeres en su familia. Los mayores estaban en Inglaterra, que la menor vivía con ellos. La noche anterior sentíase  algo enferma y había descansado desde las ocho de la noche en su habitación. Había salido en la mañana acompañada de dos muchachas nativas y dos criados de la aldea a recoger alimentos, algunos libros, medicinas, y otras cosas que les enviaban de Inglaterra. A  la una de la tarde regresaron y entonces fuimos presentados.

Me llevé la sorpresa más agradable de mi vida. Frente  a mi estaba  una muchacha de 1.75 de estatura. Largo cabello rubio y exquisitos ojos de color cielo celeste.

—Ella es nuestra hija, Anne Elizabeth—

—Encantado de conocerla, señorita Clark—

—Puede llamarme  con confianza , Eizabeth—

Esa tarde la pasé de maravilla platicando con ellas dos y el Pastor Clark. Entre otras cosas, el Pastor me informó que por medio de su radio de onda corta habían recibido la noticia de la avioneta, donde la embajada inglesa y el gobierno de Guatemala pedían toda la colaboración para el auxilio de los involucrados. La providencia divina había hecho que los otros tres pasajeros, ya había sido rescatados por haber caído cerca de un pueblo petenero, de donde había llegado el día anterior n transporte aéreo norteamericano a rescatarlos.

El señor Clark, había informado temprano en la mañana a nuestra embajada, que todo estaba bien, que yo estaba en perfecto estado de salud  tanto que ni el menor rasguño aparecía en mi piel, ni sufría de insolación o deshidratación.  Esta familia inglesa, como los  nativos de la pequeña aldea no salín de su asombro al verme tan sano y fresco, y más aun al saber que yo me tomaba esto como un día de campo por la selva.

 Elizabeth me comentó.

   Sabe Sam, desde el primer momento que supimos que estaban perdidos en la selva, como familia moramos por cada uno de ustedes, creyendo en la fe que Dios y sus ángeles lo protegerían. Al oír esto supe con toda certeza por qué dormí aquella primera noche en la cueva y la cálida presencia de amor alrededor de mí, Eran las ora cines de esta bella familia y de numerosos cristianos  que habían resguardado mi vida. Olvidé decir que el piloto de la avioneta habla logrado estabilizar la nave y logrado aterrizar en flores Peten, de donde se difundió la noticia.

Pastor Clark, no tengo asuntos urgentes que requieran mi  presencia en Estados Unidos o Inglaterra. La Biblia nos manda que por nada estemos afanosos ¿por qué os afanáis? Considerad los lirios del campo, cómo crecen: no trabajan ni hilan;..”

Estoy aquí para pasear por la selva, “quiero explorar, descubrir ciudades enterradas,  plantas exóticas…” Por supuesto que estoy hablando metafóricamente y no literalmente. Quiero decir, descansar, disfrutar del verde paisaje, de las cascadas, de los ríos

           Entendemos perfectamente vuestro sentir, señor Richards—

—Por favor, llamadme  simplemente Samuel o Sam, y si no os cauca molestia mi estadía, deseo permanecer o pasar unas vacaciones aquí, que tanto me gustaría, vosotros me diréis si puedo hacerlo aquí, o si alquilo una pequeña choza en este aldea. Para mi da lo mismo dormir  en una suite, que debajo de un árbol—

—Desde este momento, podéis seguir ocupando la cabaña asignada a vuestra estancia—expreso el Pastor.

Inmediatamente sentí una inmensa simpatía y atracción por Elizabeth, y en lo más íntimo de mi corazón, supe que me había enamorado al instante de tan bella mujer .Pero tuve el buen cuidado de guardármelo en lo profundo del corazón, porque quería estar seguro que tipo de persona era ella.

Desde ese momento me puse al servicio de la familia Clark.  Ayudaba al pastor en todo lo posible, igual con la señora Helen, y que decir con la bella Elizabeth.

El pastor y doctor, había introducido buenas semillas agrícolas recorría la pequeña aldea, y había ya conseguido mantener un buen nivel de salud, pero ahora era  muchas veces solicitado para ir un poco más allá. Por eso mismo se estaba ya construyendo un pequeño y sencillo hospital. Muy modesto por cierto pero muy limpio. La señora  enseñaba a preparar los alimentos de una forma nutritiva, en especial para las madres e infantes. Y Elizabeth  colaboraba en la Escuela dominical, así mismo tenía un grupo de niños a los que enseñaba a leer y escribir en esas apartadas montañas.

Solicité al señor Clark, el ayudar a “Liz” ,y el estuvo de acuerdo. A partir de ese momento nos volvimos inseparables. Realmente a mi me fascinaba su grata compañía.

 Poco más de una semana, le sugerí a la muchacha, que yo quería  explorar la selva cercana, y que deseaba hacerlo en su compañía, era cuestión de salir un sábado en la mañana, llevar nuestro almuerzo, y regresar en  tarde. El  primer sábado queríamos hacerlo con padre y madre, Ellos aceptaron y los cuatro pasamos horas muy hermosas.

Transcurridos quince días, volvimos a salir a las cercanías, pero el señor y la señora, dijeron que tenían otras actividades, y que daban  el permiso para que  nosotros fuésemos acompañados de algunas muchachas de la aldea. A lo que aceptamos gustosos.

Los padres de ella tomaron tanta confianza en mí, que luego estuvieron de acuerdo saliésemos solos y cada vez más al interior de la selva.

Fue así como viví los momentos más maravillosos, sanos y emotivos de mi vida y la ella.

Un día anterior a nuestro paseo en que íbamos a realizarlo solo los dos, le compre una flor de azucena a una señora que tenía en su patio esa flor. Al otro día muy temprano madrugamos y l  cabo de una hora llegamos a un rio. Llevábamos nuestro desayuno tipo sandwichs, y después  recorrimos cierta distancia,  descansamos a la sombra de unos grandes árboles, y yo sacando la azucena que llevaba en una caja, la puse “ceremoniosamente  en sus rubios cabellos y mirando a sus ojos. Dije

—Para una hermosa flor que perfuma el aire de la selva, —

Ella agradeció el cumplido, y seguimos platicando. Nada pasó más allá de eso, porque a la verdad yo no quería precipitarme. ¿De que valdría gozar de unos besos hoy,  y mañana ya no desearlos, sabiendo que tan fácilmente se obtenían, como cuando uno compra por unas pocas monedas algo que nos gusta. No, mi pensamiento era cultivar una semilla que creciera con paciencia, ir edificando sólidamente  excavando la roca, donde los pilares del edificio, descansaran sólidamente y ningún vendaval los arrasara o arrancará de  raíz.

“Los bienes que se adquieren de prisa al principio, No serán al final bendecidos/ duraderos/. Proverbios 20.21

y cayó la lluvia, vinieron los torrentes, soplaron los vientos y azotaron aquella casa; pero no se cayó, porque había sido fundada sobre la roca  Mateo 7.25

Me permití el actuar despacio, sin tiempo y sin prisa, de actuar así en aquellas soledades. Tenía toda la atención de la muchacha en mis manos y no iba a echarlo a perder, esa oportunidad en la vida. 

Soy un romántico incorregible y quería hacerlo así, que ella me amará pro siempre y para siempre, sabiendo que nunca encontraría a nadie más que la volorara  y  deseara tanto como  yo.

Estando otro sábado en la playa de otro río, acostados viendo hacia el cielo azul las blancas nubes. Le dije.

—Elizabeth, amiga mía, quiero pedirle un favor, es un favor sano, sin malicia—

—sí, cual es—

   He soñado despierto que  ese largo cabello que tiene, sea extendido cubriendo mi rostro, ¡por favor, no vaya a reírse o burlarse de solamente es como pedir “mi mejor regalo de cumpleaños”—

   ¡No  digas más!

Seguidamente vi que su hermoso cabello rubio,   largo y abundante cubrió, mi frente, mis ojos, mi nariz y mi boca, parte de mi cuello y pecho.

Cerré mis ojos y aspire todo el aroma de las flores contenido allí.

¿Cuánto tiempo pasé así, no sé, solo se que ella tuvo la suficiente paciencia  para soportarme o talves ella en realidad también lo deseaba. Ella no hizo ningún movimiento por apartarse de mí.

Una tarde de otro paseo, ella  d epronto me dijo:

—¡Oiga! Basta de tanto ilusionarme, estás jugando conmigo o qué?

Entonces yo le dije—¡no, todo lo expresado por mí es cierto, estoy super enamorado de ti, tanto que pido seas mi novia, hablaré con tus padres, y si tú no estás de acuerdo por no hay sentimiento en tu corazón con el alma llena de tristeza, pero también con satisfacción, de que no te engañe, todo lo dicho por mi es cierto.

 No quise robarte un beso,ni una caricia,  porque una vez que yo pruebelo más minimo  tu boca, quedaré adicto a la misma.

 y Ahora si estás de acuerdo en que sientes algo por mí, séllalo con el beso más profundo que de ti haya salido.

Y escribo esta relación de  mi vida, por que este es  el gran tesoro de amor que encontré en lo más verde de la selva guatemalteca en el mes de Junio de 1946. FIN

ESQUEMAS DE CREACIÓN. ELISHA NOYCE. 1-2

  ESQUEMAS DE CREACIÓN .   ELISHA NOYCE .   AUTORA DE «EL LIBRO DE INFORMACIÓN INDUSTRIAL PARA NIÑOS». ILUSTRADO CON CUATROCIENT...