Martes, 24 de noviembre de 2015
MATILDE CASTAÑEDA Y CASTAÑEDA, De Huehuetenango- Madre del General Jorge Ubico
EL DICTADOR Y YO
Verídico relato sobre la vida del
General Ubico C.
Carlos
Samayoa Chinchilla
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A mediados de esa época atormentada y
fecunda, el 10 de noviembre de 1878, nació un niño que en la pila bautismal
recibió el nombre de Jorge Ubico Castañeda.
"Era Guatemala entonces
—dice un folleto publicado en noviembre de 1931_, una ciudad de corte español,
rancia de costumbres, devota y almidonada, que se levantaba con el alba a los
menesteres del huerto y de la troje. La política y la vida eran entonces arte
personalísimo, como en todas las nacientes urbes de América, y nuestros abuelos
no discutían un capítulo constitucional sin ponerse los guantes y la levita, y
sobre todo sin escuchar misa y sermón en las doradas horas de la mañana
dominical, cuando los atrios de los templos congregaban la presurosa discreción
de las nobles damas emperifolladas de terciopelos.
La casona paterna del señor -Ubico tenía como todas las de su rango, aspecto rural y urbano a la vez, y si por los portalones claveteados de bronce se abría el paso a las visitas de distinción, por las cuadras y traspatios entraban el pollino del indio, las vacas del establo, o el forraje para el caballo del señor, y las servidumbres atareadas desde el amanecer.
Don Arturo Ubico y Urruela, licenciado en leyes, y doña Matilde Castañeda de Ubico, recibieron el presente con alborozo; y con las ceremonias de estilo dieron nombre al niño y le pusieron Jorge, nombre varonil y que conviene a quienes triunfan de sí mismos. Fueron sus padrinos de bautizo el general reformador y su esposa, doña Francisca Aparicio Mérida --hoy marquesa de Vista Bella, residente en Europa— Al mismo tiempo que el mayorazgo de Ubico-Castañeda, fue bautizada Elena, hija del padrino ilustre y de su digna y bella consorte, y compañera constante de esta dama. (?) Ofició en la ceremonia el célebre y legendario padre Arroyo, orador sagrado y profano, amigo muy cordial de los personajes de que se trata, y constituyente del 79. Los amigos íntimos del general nos refieren que su padre, don Arturo, era hombre imponente, de recio mostacho y cabeza gris, de sonora y fuerte voz que solía tronar muy a menudo todas las horas de vigilia. Tenía el aire de uno de esos segundones españoles, que no creen espaciosa la tierra para andarla, y que aun se ven en las pinacotecas, bajo los entrepaños descoloridos de una sala señorial. Don Arturo era, además, caballero prudente y sobrio en el decir, pero ancho de obras, y por entonces tenía el cargo de jefe político de Antigua, y corregidor asimismo de aquella ciudad colonial. Con el anuncio de la buena nueva decidió trasladar el hogar a la metrópoli. Y en la metrópoli nació don Jorge Ubico y Castañeda. Su madre doña Matilde, evoca la figura de una de esas nobles damas de Bogotá o Caracas, en tiempo de la liberación de América, o el perfil de aquella corregidora de Querétaro, a cuya mesa se sentaban habitualmente los confabulados de la política; no porque abriese su hogar a la aventura actualista, sino porque, como aquellas matronas del buen siglo XIX, tenía el alma prendida de sus deberes y el gesto habitual de esos bustos grabados en cornalina, que se llevaban al pecho entre los encajes de la moda española. Fue ella la que nutrió el alma del chico, pues el padre, hombre de pluma y de caballo, andaba siempre en la inquietud forense o a caza del arreglo oportuno de la hacienda.
Los primeros años de ese niño trascurrieron entre los halagos y comodidades que la buena posición económica y social de sus padres le proporcionaban. Imaginativo y sensible, fue, según se asegura, "un consentido".
La casona paterna del señor -Ubico tenía como todas las de su rango, aspecto rural y urbano a la vez, y si por los portalones claveteados de bronce se abría el paso a las visitas de distinción, por las cuadras y traspatios entraban el pollino del indio, las vacas del establo, o el forraje para el caballo del señor, y las servidumbres atareadas desde el amanecer.
Don Arturo Ubico y Urruela, licenciado en leyes, y doña Matilde Castañeda de Ubico, recibieron el presente con alborozo; y con las ceremonias de estilo dieron nombre al niño y le pusieron Jorge, nombre varonil y que conviene a quienes triunfan de sí mismos. Fueron sus padrinos de bautizo el general reformador y su esposa, doña Francisca Aparicio Mérida --hoy marquesa de Vista Bella, residente en Europa— Al mismo tiempo que el mayorazgo de Ubico-Castañeda, fue bautizada Elena, hija del padrino ilustre y de su digna y bella consorte, y compañera constante de esta dama. (?) Ofició en la ceremonia el célebre y legendario padre Arroyo, orador sagrado y profano, amigo muy cordial de los personajes de que se trata, y constituyente del 79. Los amigos íntimos del general nos refieren que su padre, don Arturo, era hombre imponente, de recio mostacho y cabeza gris, de sonora y fuerte voz que solía tronar muy a menudo todas las horas de vigilia. Tenía el aire de uno de esos segundones españoles, que no creen espaciosa la tierra para andarla, y que aun se ven en las pinacotecas, bajo los entrepaños descoloridos de una sala señorial. Don Arturo era, además, caballero prudente y sobrio en el decir, pero ancho de obras, y por entonces tenía el cargo de jefe político de Antigua, y corregidor asimismo de aquella ciudad colonial. Con el anuncio de la buena nueva decidió trasladar el hogar a la metrópoli. Y en la metrópoli nació don Jorge Ubico y Castañeda. Su madre doña Matilde, evoca la figura de una de esas nobles damas de Bogotá o Caracas, en tiempo de la liberación de América, o el perfil de aquella corregidora de Querétaro, a cuya mesa se sentaban habitualmente los confabulados de la política; no porque abriese su hogar a la aventura actualista, sino porque, como aquellas matronas del buen siglo XIX, tenía el alma prendida de sus deberes y el gesto habitual de esos bustos grabados en cornalina, que se llevaban al pecho entre los encajes de la moda española. Fue ella la que nutrió el alma del chico, pues el padre, hombre de pluma y de caballo, andaba siempre en la inquietud forense o a caza del arreglo oportuno de la hacienda.
Los primeros años de ese niño trascurrieron entre los halagos y comodidades que la buena posición económica y social de sus padres le proporcionaban. Imaginativo y sensible, fue, según se asegura, "un consentido".
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Partida de defunción
doña MATILDE CASTAÑEDA Y CASTAÑEDA.
"Castañeda Matilde-Ladina. En
Guatemala...compareció Federico Urruela y como pariente dijo:...falleció ...Matilde Castañeda, de cuarenta y siete años, casada con el Licenciado Don Arturo Ubico, ladina, católica, oficios de su sexo, originaria de Huehuetenango y de esta vecindad.."
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